Geovani Cázares
11 Jul 2025

La carrera más extrema del mundo a 54°C y 217 km de puro infierno

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Correr 217 kilómetros en el desierto.
A más de 54 grados.
Con riesgo de alucinaciones, vómitos, fallo renal, deshidratación y muerte súbita.

¿Quién en su sano juicio haría eso… por gusto?
Danny Westergaard. 66 años.
Y no es su primera vez.

Es la número 18 que cruza el Valle de la Muerte.
Sí. El cuerpo humano puede soportar el infierno.
Pero no lo hace por ego. Lo hace por algo mucho más profundo: porque moverse es vivir.

Cuando tus pasos cruzan el Valle de la Muerte…lo que se muere no es tu cuerpo, es tu excusa.

Danny no corre por la medalla.
Corre con su hija, con su prima, con su equipo de apoyo, mientras su familia lo moja cada cinco minutos con agua fría para que no se derrumbe.
Corre con los pies ardiendo, los labios agrietados y la mente a punto de estallar.

“Siento que me estoy derritiendo”, dijo una corredora al llegar al km 190.

Los corredores duermen 10 minutos. A veces ni eso.
Corren de madrugada para evitar morir por insolación. Llevan hielo en la espalda. Ropa especial.
Y aún así… alucinan con arbustos que parecen sillones.

No están locos, están comprometidos. Y saben que cada paso los acerca.

La Badwater 135 es el ultramaratón más desafiante del mundo.
Comienza en el punto más bajo de América del Norte: Badwater Basin, a 85 metros bajo el nivel del mar.
Y termina en Whitney Portal, a más de 2,500 metros de altura.
Son 48 horas límite, sin parar, sin tregua. Se corren 217 kilómetros en el desierto de Mojave, cruzando el infame Death Valley.

El mismo donde las temperaturas pueden derretir el asfalto… y las ideas flojas.
Las reglas no permiten música. No hay premios en dinero. No hay gloria instantánea.

Solo el que llega, entiende.

De los 104 corredores que comenzaron este año, solo 92 cruzaron la meta.
12 abandonaron por golpe de calor, problemas cardíacos, vómitos o desmayos.

“No se trata de velocidad. Se trata de resiliencia”, explicó el organizador Chris Kostman.

Y tiene razón.
En este tipo de carreras, lo que te mueve no son los músculos.
Es el propósito, el motivo y el para qué.

¿Y tú?

No necesitas cruzar el desierto. Ni correr 200 kilómetros.
Pero si caminas, si subes escaleras, si entrenas con intención…
ya formas parte de la misma resistencia.

Cada paso cuenta, cada movimiento es salud que no se ve, pero se acumula.

Y en FITtoken, también se recompensa.

FITtoken no te pide que corras el Badwater.
Te pide que valores cada paso que ya estás dando.

Porque caminar 15.000 pasos diarios también es épico.
Subir escaleras en lugar del ascensor también es resistencia.
Y porque no rendirte cuando estás cansado es lo que te vuelve ganador.

En el desierto no gana el más rápido. Gana el que no se rinde.

Y en la vida… pasa exactamente lo mismo.

Así que no subestimes tus pasos.
Actívalos, regístralos, recompénsalos.

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